jueves 22 de octubre de 2009

Las frutas: mitos y tabúes sobre sus calorías


La particular composición de algunos de estos alimentos los hace poco recomendables para ciertas enfermedades

Todos hemos escuchado en más de una ocasión que algunas frutas engordan, que las verdes, ácidas o inmaduras son malas para el reumatismo, que comer las más dulces es peligroso si se sufre diabetes, que causan dolor de cabeza, favorecen la digestión o, como el melón, son indigestas si se toman de noche. Pero la realidad es que no se ha hallado información científica que avale tales aseveraciones.

Las más dulces

El plátano, los higos, las uvas, los caquis o palosantos y la chirimoya son las cinco frutas que se consideran más energéticas. Muchas personas que siguen una dieta de adelgazamiento, o tienen diabetes, las evitan porque creen que contienen demasiados azúcares y calorías. El plátano aporta unas 90 calorías por cada 100 gramos, casi el doble que el resto. La chirimoya unas 80 calorías. Los caquis, las uvas y la granada, entre 60 y 65 calorías. Pero otras contienen alrededor de 30 ó 35 calorías por cada 100 gramos, incluidos los higos, sobre los que se tiene un concepto equivocado.

De acuerdo a estos resultados, algunas frutas son el triple de energéticas que otras. Sin embargo, es preciso considerar la cantidad que se consume de cada una de ellas. Un plátano tipo "canarias", sin piel, pesa alrededor de 85 gramos, mientras que una manzana mediana pesa unos 170 gramos. Por tanto, las calorías que aportan ambas frutas son casi las mismas: entre 65 y 75 calorías. En su justa medida, todas las frutas pueden formar parte del plan de alimentación en caso de obesidad y de diabetes.

Problemático ácido oxálico

El ácido oxálico es uno de los componentes de los alimentos que se debe tener en cuenta en patologías renales como la urolitiasis debido a la presencia de cálculos de oxalato de calcio. Entre el 70% y el 80% de los cálculos renales están compuestos de esta sustancia, detectada en mayor o menor medida en todos los vegetales, ya que forma parte de su pared celular.

Esta patología exige un tratamiento dietético característico. Las frutas y las verduras son los grupos de alimentos que se deben considerar para adecuar la dieta. La vitamina C (ácido ascórbico) es un componente precursor de la génesis de ácido oxálico en el organismo. Por ello, las frutas con abundante vitamina C también lo son en este ácido. Es el caso de los albaricoques, las cerezas y las guindas, las ciruelas, las fresas, los cítricos como mandarinas y naranjas, el kiwi, la piña y las uvas negras.

Estas frutas contienen entre 10 y 25 mg de oxalato por cada 100 gramos. Las grosellas, las frambuesas y los arándanos contienen doble o triple cantidad de oxalatos (50 mg/100 g) por término medio, si bien su consumo es muy puntual. La misma proporción de espinacas o de remolacha tiene hasta 300 miligramos de oxalatos, por lo que están consideradas las hortalizas más problemáticas.

Si el ácido oxálico está en exceso o si el organismo no es capaz de metabolizarlo y degradarlo, se liga con el calcio y da lugar a sales insolubles de oxalato cálcico. La mayor cantidad en el organismo procede de la formación endógena más que de la dieta. Incluso el 40% proviene del ácido ascórbico de alimentos como las frutas. Por este motivo, el consumo abundante, sobre todo en primavera y en verano, puede agravar las piedras en el riñón. En los casos más graves, se debe limitar la ingesta de este compuesto a 50 miligramos o menos por día. El objetivo terapéutico es hacer una dieta baja en oxalatos, pero también controlada en calcio, vitamina C y proteínas animales.

Frutas desecadas y urticaria

En el secado industrial de las frutas se añaden a menudo aditivos conservantes derivados del azufre, conocidos como sulfitos (del E220 al E228), para evitar que se resequen en exceso. El punto flaco de estos aditivos es que pueden provocar crisis de asma en individuos con esta enfermedad y reacciones alérgicas en personas hipersensibles.

Otros aditivos que pueden causar urticaria de contacto son los benzoatos. Son también conservantes y se distinguen con las siguientes denominaciones: ácido benzoico (E 210), benzoato sódico (E 211), benzoato potásico (E 212) y benzoato cálcico (E 213). Las personas sensibles al ácido acetilsalicílico, más conocido como "aspirina", tienen más probabilidad de manifestar sensibilidad a los benzoatos dada la semejanza en la estructura química de ambos compuestos.

Las frutas desecadas (higos, ciruelas, uvas pasas...), el plátano muy maduro y el aguacate contienen tiramina. Esta sustancia provoca constricción de los vasos sanguíneos, que puede ocasionar migraña en personas propensas. Desde hace años se investiga para dilucidar las causas de la potencial asociación entre alergia alimentaria y migraña. Esto puede explicar que muchas personas con alergias asocien el malestar tras el consumo de frutas más problemáticas, como fresas, kiwi, melocotón o albaricoque.

FRESAS Y KIWIS

Las fresas y los kiwis, además de oxalatos, contienen salicilatos. Estos componentes causan en ocasiones a personas hipersensibles reacciones alérgicas (urticaria y otros síntomas como irritabilidad, nerviosismo). Las personas afectadas pueden manifestar también alergia al ácido acetilsalicílico. Los salicilatos son los conservantes naturales de las plantas, incluidas algunas frutas como las fresas y el kiwi; verduras y hortalizas como los tomates, los champiñones y los pimientos rojos; y especias y hierbas aromáticas, como la menta o la lavanda.

Las frutas más ricas en vitamina C

Camu Camu

Kakadu

Frutos exóticos como el kakadu, el camu-camu o la acerola aportan entre 20 y 100 veces más vitamina C que las naranjas

Algunas frutas exóticas poco o nada conocidas en nuestro país desbancan a las de cultivo tradicional por su contenido en vitamina C (ácido ascórbico). El kakadu, de origen australiano, es la primera del ranking. Le sigue el camu-camu, una fruta pequeña de origen sudamericano, y la acerola, una baya de color amarillo rojizo. Cualquiera de ellas contiene entre 20 y 100 veces más cantidad de este nutriente que las naranjas, referencia en la gastronomía por su riqueza vitamínica.

El ácido ascórbico es un nutriente cuyo aporte de vitamina C es excelente a través de la fruta cruda, al natural, con un mínimo de procesado. Las necesidades diarias rondan los 60 miligramos para una persona adulta sana, una cantidad que se suple al consumir una ración de cualquiera de las frutas más ricas en vitamina C.

Kakadu, la fruta australiana

El kakadu, de nombre científico "Terminalia Ferdinandiana", es una fruta originaria de Australia. Este árbol de hoja caduca esculpe junto con otras especies salvajes las planicies tropicales de la zona norte y occidental de este continente. Después de que científicos de la Unidad de Nutrición Humana de la Universidad de Sydney confirmaran su excepcional contenido en vitamina C, la fruta kakadu empieza a ser más conocida.
Este fruto puede contener hasta cinco gramos de vitamina C por 100 gramos de fruto, unas 100 veces más que una naranja. La segunda fruta más rica en este nutriente es el camu-camu. Su composición destaca por el alto contenido de folatos y de compuestos fenólicos antioxidantes, así como por su proporción de ácido elágico y gálico, que han demostrado propiedades similares.
De las frutas de consumo habitual, destacan por su contenido en vitamina C las grosellas negras, la naranja, la mandarina, el melón y la nectarina
Estos frutos tienen la forma de una almendra, puntiaguda, y el tamaño de una ciruela, de ahí que se les conozca como la ciruela kakadu. Son de color verde y en su interior contienen una semilla dura. La carne es comestible pero con un ligero sabor ácido y amargo, que deja en la boca un regusto poco agradable, similar a la cáscara de limón.
Los aborígenes elaboran con el kakadu una deliciosa mermelada que tiene aspecto gelatinoso cuando está cocida. Otro de sus usos culinarios es la elaboración de salsas y jugos. Su extracto se suma a los zumos de Goji, açai, mangostán, arándanos, cerezas y granada, considerados los de mayor concentración de compuestos antioxidantes. La industria alimentaria estudia la viabilidad de fabricar zumos y helados o vender los componentes nutracéuticos obtenidos de la fruta, por su nivel extraordinario de ácido ascórbico natural, como base para el enriquecimiento de alimentos o bebidas. Diversas empresas de cosméticos en todo el mundo han lanzado una línea con extracto de kakadu como uno de sus ingredientes.
Frutas supernutritivas
El camu-camu ("Myrciaria dubia") es de origen sudamericano. Reúne hasta tres gramos de vitamina C por 100 gramos de fruta, unas 40 veces más que en la misma cantidad de naranjas. De forma esférica, con apenas tres centímetros de diámetro y 20 gramos de peso, se asemeja a una cereza.

Las acerolas ("Malpighia emarginata") son unas bayas exóticas que merecen mención también por su extraordinaria concentración de ácido ascórbico: de 695 a 4.827 mg por 100 gramos. El fruto es pequeño, con un diámetro de uno a cuatro centímetros y un peso que varía de dos a 15 gramos. La fruta en desarrollo tiene color verde y se torna amarilla y rojiza a medida que madura. La acerola se comercializa como fruta fresca y en zumos, mermeladas, helados, gelatinas y dulces.
Según datos suministrados por la Universidad de Sevilla y la Universidad do Vale do Itajaí, Santa Catarina (Brasil), es en este país donde las condiciones de suelo y clima son las más idóneas para su cultivo, de ahí que sea el principal productor mundial.
De las frutas de consumo que forman parte de la gastronomía tradicional española destacan por su contenido en esta vitamina las bayas como las grosellas negras (160 mg/100 g), la naranja (52 mg), las mandarinas (41 mg), el melón (23 mg), la nectarina (20 mg) y el pomelo (37 mg). De origen australiano también es el kiwi, que desbancó a la naranja como fruta rica en ácido ascórbico: aporta de media 70 mg de este nutriente por 100 gramos. Otras frutas tropicales ricas en vitamina C y cuya presencia en los mercados cada vez es más común son la guayaba (180 mg), el litchi (60 mg), el mango (44 mg) y la papaya (64 mg).

NECESIDADES DIARIAS DE VITAMINA C

Las necesidades diarias de vitamina C para una persona adulta sana se estiman en 60 miligramos. Una única ración de cualquiera de las frutas mencionadas sirve para cubrir este requerimiento. Desde el punto de vista nutritivo, se debe insistir en la promoción del consumo de alimentos naturales como fuente de vitamina C, ya que está más biodisponible, por la sinergia que ejercen otros muchos compuestos del propio alimento, como el ácido cítrico, que potencia la acción orgánica de la vitamina.
La capacidad antioxidante de los alimentos se mide con el método ORAC (Capacidad de Absorción de Radicales de Oxígeno). El Departamento de Sanidad de los Estados Unidos (USDA) ha publicado una lista con los alimentos más antioxidantes, entre los que se encuentran las frutas citadas.

Semillas de lino


El uso de estos granos u otros complementos es más una ayuda profiláctica que un tratamiento

El colesterol elevado en plasma supone un riesgo demostrado de enfermedad cardiovascular. Los depósitos alrededor de las arterias son una de las causas de arteriosclerosis, un paso previo para el infarto. Nuevos estudios llevados a cabo con semillas de lino apuntan efectos positivos en el control de la glucosa en sangre y del colesterol, en particular, del LDL colesterol (perjudicial). Los resultados son más notables entre personas con antecedentes familiares de dislipemias o enfermedades cardiovasculares.

Las personas cuyos niveles de colesterol en sangre alcanzan los 240 mg/dl duplican el riesgo de sufrir un infarto de miocardio, con respecto a quienes rondan los 200 mg/dl. Así lo advierte la Fundación Española del Corazón. Tras el diagnóstico médico de hipercolesterolemia, el tratamiento dietético es la primera elección para corregir la dislipemia. Se conocen una serie de alimentos que, por su particular composición química, son obligatorios en el menú diario para lograr que la terapia dietética sea eficaz: aceite de oliva, aguacate, nueces, pescado azul, legumbres y frutas y hortalizas frescas de la temporada.

El uso de complementos dietéticos es una medida extra para reducir los niveles de colesterol. Los más populares son la lecitina de soja, las cápsulas de aceite de pescado y los preparados de ajo. Otras opciones novedosas son las semillas de lino, el jengibre y el nopal.

Si a pesar de seguir una alimentación adecuada y recurrir a los complementos dietéticos los resultados en la reducción de la colesterolemia no son óptimos, el médico especialista analizará la necesidad de emplear fármacos. Su efecto será más intenso, rápido y eficaz.

Semillas de lino y colesterol
La combinación de fibra y ácidos grasos omega 3 en las semillas de lino le confieren cualidades protectoras frente a enfermedades cardiovasculares
El uso de semillas de lino u otros complementos para reducir el colesterol actúa más como una ayuda profiláctica que terapéutica. Puede ser una estrategia útil para controlar el colesterol, en particular, entre los individuos con antecedentes familiares de dislipemias o enfermedades cardiovasculares. Se dispone de referencias recientes acerca de los efectos positivos de las semillas de lino en el control de la glucosa en sangre y del colesterol, sobre todo, del LDL colesterol (perjudicial).

La última y más completa es la revisión realizada desde el Memorial Sloan-Kettering Cancer Center de Nueva York (EE.UU.). Se han identificado dos componentes bioactivos en las semillas: la fibra soluble (pectinas y mucílagos) y el aceite rico en ácidos grasos insaturados (en ácido alfa-linolénico, un tipo de ácido graso omega 3). Este último es más abundante en el aceite de lino. El ácido alfa-linolénico es precursor directo de los ácidos grasos omega 3, EPA y DHA. Numerosos estudios comparan sus efectos hipocolesterolemiantes con los del aceite de pescado. Los omega-3 tienen un papel en la prevención de las enfermedades cardiovasculares y un efecto antiinflamatorio.

La combinación de ambos factores nutricionales, fibra y ácidos grasos omega 3, explica que se publiciten las semillas de lino por sus cualidades protectoras frente a enfermedades cardiovasculares. Pese a estos usos prometedores, los autores señalan que se precisan estudios de mayor calidad para hacer cualquier recomendación.

Semillas, ¿enteras, molidas o en aceite?
Desde el Laboratorio de Biología Celular del St. Boniface Hospital Research Centre de la Universidad de Manitoba, en Canadá, dan un paso más y estudian la biodisponibilidad del ácido alfa-linolénico de las semillas y sus efectos fisiológicos según la forma en la que éstas se tomen: enteras, molidas o en aceite de linaza. Para esta investigación se elaboraron panecillos con un complemento de 30 gramos de semillas o seis gramos de ácido alfa-linolénico en el aceite. Los efectos sobre los niveles plasmáticos de ALA (ácido alfa-linolénico) se midieron en los participantes al mes, a los dos meses y a los tres meses.

Los investigadores concluyeron que tras la ingestión de aceite de lino y de semillas molidas, se alcanza un aumento significativo de los niveles de ALA (ácido alfa-linolénico) en plasma, aspecto que no sucede si se toman las semillas enteras. Un resultado que sorprendió a los autores es que no se detectara un incremento significativo de los niveles plasmáticos de ácido eicosapentaenoico (EPA) o docosahexaenoico (DHA) en cualquiera de los grupos participantes, pese a que el ácido graso que contienen de las semillas es precursor de los anteriores.

En este periodo de tiempo y con la dosis incluida en el ensayo no se comprobaron cambios en el colesterol total ni en los triglicéridos plasmáticos, si bien no se analizó si hubo cambios en los niveles de LDL-colesterol. Un aspecto negativo común a todos los grupos fue la aparición de malestar gastrointestinal durante las primeras fases del estudio. Estas molestias desaparecieron pasadas cuatro semanas en el grupo que tomó las semillas molidas o en forma de aceite, pero fue motivo de retirada de algunos individuos que tomaban las semillas de lino enteras.

PAN CON SEMILLAS

El pan al que se añade durante su elaboración goma de semillas de linaza puede ser una alternativa saludable. Un estudio evaluó el efecto de la goma de linaza en los niveles de glucosa y colesterol de baja densidad (LDL), gracias al trabajo de expertos canadienses del Department of Chemistry and Biology (Ryerson University, Ontario) e investigadores indios de la School of Medical Science and Technology, del Indian Institute of Technology (Kharagpur), y del Department of Biotechnology and Medical Engineering, del National Institute of Technology (Rourkela).

La goma de linaza está compuesta por mucílago, un tipo de fibra soluble abundante en las semillas de lino (junto a la cáscara) y con textura semejante a una goma. Las propiedades tecnológicas de la goma de linaza se relacionan con su alta capacidad espesante, de hinchamiento, de ligazón, que favorece la emulsión. En este caso, la goma de linaza se incorporó a la harina de trigo empleada para fabricar chapatis, un tipo de pan típico de India.

Un total de 60 pacientes con diabetes 2 siguieron una dieta durante tres meses que incluía el consumo de seis chapatis diarios con un total de cinco gramos de goma de linaza. El grupo de control compuesto también por 60 personas, consumió una dieta idéntica, pero los chapatis no llevaban lino. Se tomaron valores de la bioquímica antes de comenzar el estudio y en intervalos mensuales. Los resultados mostraron una disminución del colesterol total y del LDL colesterol. Mejoró también el perfil de la glucemia en ayunas en el grupo experimental.